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Estoy embarazada y tengo miedo: qué le pasa a tu cuerpo

Lo que sientes tiene una explicación clínica. Te la cuenta una psicoterapeuta.

22 de septiembre de 2026 · 3 min de lectura

El miedo.

Sientes que te come, que se te encima, que se te mete entre la ropa y el estómago. No te deja dormir, no te deja vivir. A veces no te deja respirar.

¿Qué va a pasar?… Después de esto… ¿Qué va a pasar? Es una pregunta abrumadora, sobre todo porque todas las respuestas que tiene se sienten horribles.

Lo que sientes tiene una explicación clínica

Tu sistema nervioso está atravesando una respuesta aguda de estrés que te obliga a entrar en un modo de supervivencia.

Si eso suena a mucho rollo, te lo digo más simple: sientes pánico.

Y cuando sentimos pánico, entramos en modo de supervivencia: correr o pelear, matar o morir.

La mente busca la salida más rápida para apagar el pánico. Es lógico que tu cerebro asuma que un aborto eliminará la angustia. Sin embargo, la práctica clínica, los estudios de campo y —te lo puedo decir— mi propia experiencia atendiendo estos casos, demuestran que el malestar emocional de fondo no desaparece. Al revés: muchas veces se empeora hasta convertirse en un evento traumático.

Los síntomas no son la herida

En mi profesión he aprendido que parte del proceso para sanar es entender qué parte son los síntomas, qué parte es la herida o las circunstancias, y cómo debe tratarse cada uno.

Imagínate que alguien llora o se siente sin ganas continuamente durante mucho tiempo, así que le das pastillas para la depresión. Pero en realidad lo que esa persona necesita es alejarse de alguien que la lastima constantemente. Al darle las pastillas no solo no solucionamos el problema: ahora tiene uno nuevo, porque además debe lidiar con los efectos secundarios.

Un aborto puede ser así. Una pastilla que no va a resolver lo que en verdad debe resolverse.

Un ejercicio

Para que me lo entiendas mejor, imagínate esto:

Que tienes un lugar seguro a donde llegar. Que tu pareja está emocionada de tener un hijo contigo. Que no tienes una presión económica que resolver. Que tu familia no puede esperar para conocer a su nuevo integrante. Que nadie te dijo que eras una tonta por embarazarte.

Se siente distinto, ¿no?

En ese caso no es tan obvio. En ese caso, no suena tan mal. Aún si te cambian otros planes. De hecho, probablemente no suena nada mal.

Porque al final, lo difícil —lo excepcionalmente difícil— no es estar embarazada. Es no tener una red de apoyo, es no sentirte respaldada.

Y si lo piensas, el bebé que tienes dentro de ti no tiene la culpa de nada de eso. Y si lo piensas un poco más, está todavía menos respaldado que tú.

No tienes que resolver esto bajo el secuestro de la ansiedad

Hay dos vidas acá, y el bienestar de una no requiere la anulación de la otra. Proteger el desarrollo de este ser humano no significa cancelar tu futuro ni tus proyectos, pero sí exige reconfigurar tu plan de vida, empezando por encontrar un apoyo estructural que te haga sentir lo que más necesitas: que no estás sola.

El primer paso para manejar una crisis es detenerse. Regula tu respiración. No resuelvas nada definitivo mientras sientes que luchas por sobrevivir.

Existen herramientas clínicas, médicas y redes de acompañamiento diseñadas para sacarte del aislamiento y mirar lo que tienes delante con evidencia, no con miedo. Romper el ciclo de pánico es posible.

Y te lo repito: no estás sola.

Podemos acompañarte.


Maya Laris E. · Psicoterapeuta de Terapia de Esquemas

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